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Trazabilidad en cifras: retos y oportunidades

abril 6, 2026
Opinión

Escrito por:

Rodrigo Botero

Publicado en:

Abril 2026

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En la ganadería amazónica, ni todo es ilegal, insostenible y de origen oscuro, como tampoco todo es sostenible, de pequeños campesinos y desconectado de la apropiación de tierras y economías ilegales. Hay oportunidades, pero también riesgos en el ordenamiento de la actividad ganadera en la principal zona forestal del país. Lo sensato será mejorar sus condiciones de producción en donde sea legal y ambientalmente posible, y restringirla donde ni legal ni ambientalmente sea aceptable. Equitativo y justo debe ser que una población campesina con arraigo cultural por la ganadería pueda desarrollar su actividad en las zonas aptas para ello, y ojalá, siendo propietaria de sus animales.

Los datos son contundentes: durante los últimos siete años, cada año, un promedio de 200.000 bovinos han entrado en los municipios con mayor deforestación del país (todos alrededor de Chiribiquete). En total, 1,5 millones de nuevos animales que se vacunan anualmente en municipios donde se han perdido más de 700.000 hectáreas en el mismo periodo, es decir, 100.000 por año, y con una capacidad de carga de dos animales por hectárea nueva deforestada.

Entonces, el gran reto es evitar una expansión ganadera de unos pocos dueños de ganado que utilizan los bosques y tierras públicas para su acaparamiento, a costa de campesinos vulnerables que arriendan pastos y cuidan ganado, reciben los terneros para cebarlos y ordeñan vacas de los patrones. Esto, sin mirar los recursos de los cuales proviene esa comercialización de animales y de tierras, que dinamiza la economía regional.

Crédito: Cortesía

Millones de hectáreas han sido sustraídas de la reserva forestal de la Amazonía y habilitando estas áreas para la ganadería, ubicadas principalmente en el piedemonte amazónico, incluyendo las planicies aluviales de los ríos de origen andino, cuyo contenido de nutrientes es mayor que el del resto de suelos de la cuenca. Legalmente es posible, y en términos de mercados, es la zona desde la cual se puede dar un encadenamiento productivo con la demanda del centro del país, así como generación de valor agregado a través de la transformación de la materia prima, ya sea en cadena de lácteos o cárnica.

También es cierto que la economía ganadera —con casi 6 millones de animales en esta zona— significa un importante motor para la región, pues hoy la región amazónica alimenta varios mercados significativos dentro del país, empezando por generar quesos para panadería e industria de alimentos de gran parte del centro y occidente del país. Entre 450 y 600 millones de litros de leche año se producen en el Caquetá, 300 en el Meta y 50 en el Guaviare, evidenciando una capacidad productiva significativa y de la cual han dependido muchas familias campesinas en tiempos de dificultad, como sucedió durante la pandemia del covid. Esfuerzos importantes en zonas de alta conflictividad, como lo hecho por Alquería en La Macarena, son dignos de ser mencionados como ejemplos de lo que es posible y deseable hacer en ese territorio.

También genera una cantidad muy importante de animales para sacrificio en Bogotá, centro (Eje cafetero) y occidente (Valle del Cauca) del país (más de medio millón de animales por año, que en ventas de ganado equivalen a más de 400 millones de dólares en 2024, según el DANE), con mercados que se ven estables en los centros de sacrificio analizando las secuencias anuales de guías de movilización del ICA que presenta la región. En contraste, las mismas guías han evidenciado cómo existe un mercado estable y consolidado para ganado que se encuentra en zonas con restricción legal en el uso del suelo, o en conflicto por la ocupación del mismo, como es el caso de resguardos invadidos como el Nukak, que presenta una movilización de más de 200.000 animales con destino a sacrificio ya sea en Villavicencio o Bogotá (¡y procesamiento de carnes al exterior!!) en un periodo no mayor a cinco años. Y ni qué hablar de los más de 300.000 animales registrados en el sistema de Parques Nacionales, incluyendo aquellas veredas que se encuentran total o parcialmente traslapadas con estas zonas. En solo Tinigua, la producción lechera impulsa la transformación definitiva del primer parque nacional perdido bajo la pezuña ganadera.

La existencia de los Parques Nacionales y la reserva forestal deben ser el determinante ambiental para cerrar esa expansión ganadera sobre estas áreas, que ni legal ni ambientalmente están destinadas ni aptas para este fin. Los suelos de la planicie amazónica, en general oxisoles y ultisoles, altamente ácidos, de arcillas expansivas, dependen exclusivamente del aporte nutricional de la materia orgánica para su fertilidad, razón por la cual una vez se deforesta, y bajo presión ganadera, los suelos se compactan, erosionan, acidifican y, en general, se degradan. Por eso la población rural debe tumbar nuevos bosques, y cuando puede deja “descansar” los suelos a través de restrojos que crecen de tres a cinco años sin recuperar nunca su condición original. En estas zonas la ganadería no es ni silvopastoril ni sostenible, y por tanto el enfoque debe estar en su reconversión progresiva a bosques productivos y comunidades forestales.

Los seis millones de bovinos tienen área suficiente para ubicarse e intensificar su producción dentro del área sustraída de la reserva forestal, partiendo de la adopción básica de prácticas de mejoramiento de suelos, restauración de bosques y utilización de leguminosas forrajeras de buena calidad proteica, como se ha demostrado en varios procesos con apoyo técnico del CIPAV. Pero, ojo: también los datos nos indican que el modelo de ‘ganaderización amazónica’ no siempre está contribuyendo a las poblaciones más vulnerables, y en particular al pequeño campesino. Según datos del ICA, la distribución del hato bovino evidencia una alta concentración de la actividad ganadera en grandes predios. Los registros sanitarios muestran que alrededor del 10 por ciento del ganado de un solo propietario se encuentra en fincas con menos de 50 animales, un 15 por ciento en fincas con entre 51 a 100 bovinos, cerca del 50 por ciento en fincas con entre 101 y 500 animales, y un 25 por ciento en fincas con más de 500 bovinos (según FCDS, 2024). Los datos de los municipios más deforestados en los últimos años nos evidencian que hay un promedio de 70 por ciento del hato en manos de grandes y medianos productores. Es importante convocar a este sector de grandes ganaderos, e inclusive para un potencial y posible acuerdo de paz, a hacer parte de esta política de ordenamiento productivo en concurso con el sector privado de las plantas de sacrificio y de la industria láctea, las ferias ganaderas y las grandes superficies. Es definitivo para su futuro y el nuestro.

Por tanto, con la trazabilidad del ganado se espera contribuir a desarrollar una ganadería más eficiente, productiva y bien localizada, donde legal y ambientalmente corresponda, ojalá para pobladores locales, que no se expanda sobre las áreas de deforestación y acaparamiento en la reserva forestal ni en los Parques Nacionales y se articule con mercados que privilegien este mecanismo de certificación del origen de los productos provenientes de la gran reserva ambiental del país. Ojalá.

Amazonia colombianaÁreas protegidasBiodiversidadConflictoDeforestaciónGanaderíaMedio ambiente

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